BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

sábado, 3 de febrero de 2018

Cinco historias sobre la guerra civil en Siria

La guerra ha dejado una intensa huella de destrucción en ciudades como Homs. Fuente: www.dnaindia.com














La guerra civil en Siria dura ya 6 años y aún no se entreve el final. En estos años el país ha sufrido un grado de destrucción insoportable que ha afectado duramente al ámbito material (viviendas, infraestructuras, etc.), pero en el que hay que valorar sobre todo la pérdida de vidas, más de 300.000 hasta el día de hoy, la destrucción de parte del riquísimo patrimonio histórico y artístico, y sobre todo la ruptura de la frágil convivencia entre las religiones, etnias y culturas que componen el mosaico humano de Siria, rico y diverso como pocos. En esta entrada queremos realizar un acercamiento a la guerra en Siria a través de cinco historias, que nos remiten a situaciones y personajes concretos. Serviría como complemento a la entrada publicada en este blog con anterioridad y en la que analizábamos las variables fundamentales del conflicto: "La guerra en Siria y las primaveras árabes"

La batalla de Alepo y la tragedia de Omran Daqnessh

Alepo es la mayor ciudad de Siria y se ha convertido durante la guerra civil en el "Stalingrado sirio". Alepo ha sido durante años uno de los grandes escenarios de la guerra civil siria, y en el combate por el control de la ciudad estuvieron presentes todos los contendientes del conflicto: por un lado, desde la zona gubernamental occidental actuaban los rusos, los chiíes libaneses de Hezbollah y las fuerzas del ejército sirio; por el otro lado, en la zona rebelde resistían las fuerzas yihadistas y salafistas, como las que se engloban en el llamado Frente islámico o las del antiguo Frente al-Nushra; al norte de la ciudad, algunas áreas están todavía hoy bajo control de los milicianos kurdos. La lucha por el dominio de la ciudad entre los rebeldes y el gobierno comenzó con el inicio de la guerra, en 2012, pero a partir de julio de 2016, la batalla de Alepo cobró una dimensión terrible: los rebeldes fueron cercados en la zona oriental, siendo rotas sus líneas de suministro, y con ellos quedaron más de 300.000 civiles aislados, en medio de feroces combates casa a casa y durísimos bombardeos, que terminaron en diciembre de 2016 con la caída de los últimos reductos de resistencia.

El este de Alepo ha sufrido intensos bombardeos que han generalizado la destrucción. Fuente: www.infobae.com


En esta animación podemos ver la ofensiva y cerco de Alepo en 2016, que terminó definitivamente en diciembre con la conquista por las fuerzas gubernamentales de los últimos focos de resistencia en la ciudad. Fuente: www.europapress.es






En agosto de 2016, la aviación siria y rusa castigó con extrema dureza los barrios controlados por los rebeldes, entre ellos el distrito de Qaterji, con el objetivo de doblegar su resistencia. Allí vivía Omran Daqnessh, un niño de 5 años, junto con sus padres y sus tres hermanos, de 1, 6 y 11 años de edad. Al atardecer, las bombas cayeron sobre el edificio donde residían, los niños más pequeños fueron evacuados y enviados a la ambulancia, mientras se rescataba a los padres de entre los escombros. Las sobrecogedoras imágenes que nos llegaron a Europa nos mostraban a Omran sentado en la ambulancia, cubierto de polvo y sangre, despeinado y desorientado. No lloraba, no se quejaba, mostraba una resignación impactante y tan solo intentaba limpiar su mano sucia y manchada de sangre en el asiento de la ambulancia. La imagen llegaba a la opinión pública europea a través de Raf Sánchez, corresponsal en Oriente Medio del diario británico The Telegraph. A él se la había enviado un médico que participó en el rescate. La fotografía había sido extraída de un vídeo conmovedor que había sido filmado por el personal sanitario en la ambulancia donde se encontraba Omran y su hermana, el cuál había sido posteriormente publicado en Youtube por un grupo de activistas opuestos al régimen de Damasco, Aleppo Medio Centre. El niño terminó en uno de los escasos hospitales de la zona rebelde de Alepo, el denominado M10, que tiempo después también sufriría fuertes destrozos provocados por las bombas. Allí se le curó la herida en la cabeza y se informó de 8 muertos, 5 de ellos niños. Entre ellos estaba uno de los hermanos de Omran, que moriría en el hospital debido a las heridas recibidas. Sin embargo, fue Omran y su comportamiento en la ambulancia el que conmovió a la opinión pública internacional. Consciente de ello, y tras la caída de Alepo bajo el control del ejército sirio, los medios de comunicación fieles al régimen hicieron lo posible por mostrar la otra cara del niño, sano y con su familia, lejos de la violencia del frente de combate. Su padre se ostinaba entonces en desmarcarse de cualquier crítica al ejército sirio y negaba su vinculación a las fuerzas rebeldes, denunciando la manipulación que la oposición había realizado de la tragedia vivida por su familia. Si lo hacía por las presiones recibidas o por convicción propia, es algo hoy difícil de saber. De lo que no hay duda, es de que el caso de Omran ya se había convertido para entonces en un símbolo de la guerra en Siria y de los efectos que sobre la población civil tenían los intensos bombardeos realizados por el ejército sirio y ruso.

Omran Daqnessh sentado en la ambulancia tras su evacuación. Su imagen conmovió al mundo. Fuente: www.tn8.tv



Omran Daqnessh y su padre en una entrevista posterior, realizada tras la ocupación definitiva de Alepo por las fuerzas del gobierno sirio. Fuente: www.mintpressnews














       
Malula y la supervivencia de los cristianos sirios

Siria es una sociedad más diversa de lo que la mayoría de los europeos creemos. Hay turcos y kurdos y entre la mayoría árabe hay sunníes y chiíes, pero también cristianos. Un 10% de la población del país es cristiana, y en dicha comunidad se incluyen ortodoxos de varias ramas, armenios, católicos, maronitas, caldeos y asirios. Todos ellos han sufrido duramente la guerra, porque los grupos islamistas insurrectos se han cebado sobre el patrimonio y la vida de los cristianos de Siria, en un claro intento de uniformizar e islamizar el país.

La  catedral cristiano-maronita de San Elías sufrió serios daños durante la batalla de Alepo. Fuente: www.lavie.fr


Para la cristiandad siria existe un pueblo muy especial, Malula. Situado en las montañas que separan Líbano de Siria, a 60 km de la ciudad de Damasco, tenía antes de la guerra más de tres mil habitantes. Malula es un pueblo de mayoría cristiana en un país de mayoría musulmana, en el que además muchos de sus habitantes hablan todavía el arameo (el único lugar en siria junto a Jabadin y Bakah), el idioma que se cree hablaba Cristo y que hoy está casi extinguido. La belleza del lugar es sobrecogedora, un pueblo de montaña con una ubicación impresionante, entre paredes rocosas, donde proliferan antiguos edificios cristianos como las iglesias de San Elías o la de San Jorge, el monasterio de San Sergio y San Baco, o el convento de Santa Tecla. Un pueblo que rezuma historia por los cuatro costados. La localidad tenía un instituto del Arameo y atesoraba numerosos manuscritos que hoy se han perdido. Antes de la guerra muchos turistas llegaban allí de todo el mundo procedentes de la cercana Damasco. Hoy ya no viene nadie y la mayoría de sus habitantes han abandonado sus casas.
En septiembre de 2013 las tropas del ejército sirio perdían el control de la población ante el avance de los milicianos islamistas de al-Nusra. La mayoría de la población cristiana huyó entonces en masa, aterrada. Se combatió con dureza hasta abril de 2014, en que el gobierno sirio recuperó de nuevo y definitivamente el control de la zona, en parte gracias a la intervención desde el Líbano de las fuerzas de los chiíes libaneses de Hezbollah. Bashar al-Assad viajó entonces a Malula para celebrar la Pascua, en un gesto hacia la minoría cristiana, que en su mayoría ha apoyado al régimen sirio frente a los rebeldes islamistas. Para entonces la destrucción había hecho mella en la bucólica imagen de la población y en su riquísimo patrimonio histórico y cultural: muchas casas habían sido destruidas o saqueadas, los signos cristianos habían desaparecido (cruces, iconos, campanas), los edificios religiosos y los templos habían sido profanados y algunos seriamente dañados, el hotel Safir, que los rebeldes habían convertido en su cuartel general, fue destruido casi en su totalidad. Las trece monjas del convento de Santa Tecla fueron secuestradas durante meses, aunque poco antes de retomar el control de la localidad, en marzo de 2014, el régimen sirio conseguía su liberación gracias a su intercambio por 150 presas islamistas.
Han pasado más de tres años. La reconstrucción está en marcha lentamente gracias al apoyo del estado sirio y sus ministerios de cultura y educación y las organizaciones cristianas de solidaridad como SOS Cristianos de Oriente. Pero las huellas de la guerra siguen marcando la vida de la ciudad, todavía hoy muchos edificios muestran los desastres de la guerra y solo 600 habitantes han vuelto. La mayoría de los cristianos de Malula viven hoy en día en Damasco o en el extranjero, en Europa, Estados Unidos y Canadá.

Malula se encuentra situada en un enclave montañoso de indudable belleza paisajística. Fuente:

El convento de Santa Tecla es el edificio cristiano más importante de Malula. Fuente: hiveminer.com 

Interior del convento de Santa Tecla en Malula. Fuente: elsacodelogro.blogspot.com.es

Soldado del ejército sirio durante los combates contra las facciones islamistas que habían ocupado la ciudad. Fuente: www.dailytexanonline

Muchos hogares fueron destruidos durante la ocupación de Malula por los yihadistas de antiguo Frente al-Nushra y los posteriores combates con el ejército sirio. Así ocurrió con la vivienda de Bachar Halale. Fuente: www.elpaís.com

Desde un principio el gobierno sirio trató de explotar propagandísticamente la recuperación de Malula. Cristianos de la población volvieron a colocar la figura de la Virgen en lo alto del acantilado en mayo de 2015. Junto a ellos fotógrafos y soldados del ejército sirio. Fuente: www.theblaze

El drama de las ciudades sitiadas y la matanza de al-Rashidin

Los frentes de combate de la guerra en Siria no son fáciles de reconocer, tanto en la zona rebelde como en la gubernamental existen áreas bajo control enemigo que se niegan a rendirse. Así, en las zonas gubernamentales resisten poblaciones de mayoría sunní que siguen bajo control rebelde a pesar de los duros años de cerco. Este fue el caso del este de Alepo, asediado durante el año 2016, y de algunas ciudades de la periferia de Damasco, como la ciudad de Daraya, en el sur metropolitano de la capital siria, que vivió un duro sitio durante cuatro largos años, hasta su rendición en agosto de 2016. También en el entorno de Damasco se haya el área de Guta oriental, donde se incluyen ciudades como Duma, que aún resiste el cerco del ejército sirio y donde malviven cientos de miles de personas atrapadas en medio de los combates. Este fue el caso también de localidades como Madaya o Zabadani, en las montañas cercanas al Líbano, sitiadas por el ejército sirio y los chiíes libaneses de Hezbollah. En estos sitios, las condiciones de vida se hacen insufribles, por la falta de agua potable, de alimentos y medicinas, la ayuda internacional entra a cuenta gotas y los precios de los productos de primera necesidad se disparan ante la escasez. Los milicianos recaban para sí los escasos recursos y con frecuencia la población civil es utilizada como escudos humanos frente a la aviación y la artillería enemiga. La hambruna hace estragos especialmente entre los más débiles, niños y ancianos, cuya mortalidad se dispara.

La rendición de los rebeldes del este de Alepo terminó con un pacto de evacuación de los milicianos opositores y sus familias hacia las zonas controladas por los grupos insurrectos Fuente: www.rtve.es

Pero también, aunque no suelen aparecer en los medios de comunicación occidentales, existen poblaciones donde la mayoría de la población es chií o cristiana y se hayan ubicadas en zonas bajo control rebelde. Estas localidades, bajo dominio de fuerzas afines al régimen sirio, han sido sitiadas por las fuerzas de la oposición siria. Este es el caso de las poblaciones de al-Fua y Kefraya, en la provincia norteña de Ibdil, que sufrieron un duro bloqueo durante más de cuatro años. 
En marzo de 2017, el gobierno sirio y los rebeldes, gracias a la intermediación de Qatar e Irán, llegaron a un acuerdo para evacuar algunas poblaciones cercadas a un lado y otro del frente, lo que afectaba a cerca de 30.000 personas residentes en Madaya y Zabadani (bajo control rebelde) y al-Fua y Kefraya (bajo control del gobierno). El proyecto de evacuación, que se puso en marcha en abril de 2017, se desarrolló a través de convoyes de autobuses con miles de habitantes de las poblaciones cercadas, que partieron al unísono desde las zonas sitiadas hasta aquellas bajo control seguro de uno y otro bando.

Una caravana de autobuses esperando en la localidad chií de Kefraya para iniciar el traslado de la población civil hacia zonas seguras lejanas del frente. Fuente: mundo.sputniknews


Pero todo no transcurrió con la normalidad que debía. Cuando los habitantes chiíes de al-Fua y Kefraya estaban siendo evacuados, la enorme caravana de autobuses hizo un alto en al-Rashidin, allí un kamikaze hizo estallar una camioneta que transportaba ayuda alimentaria y que estaba también cargada de explosivos, junto a los autobuses atestados de civiles, mujeres y niños sobre todo. Se producía así una de las mayores matanzas de civiles acontecidas en la guerra civil siria: más de 125 muertos, 68 de los cuales eran niños, y cientos de heridos. Todos los testigos hablaban de imágenes dantescas: muchos cadáveres carbonizados y miembros amputados desperdigados por los alrededores. En medio del caos, algunas personas se lanzaron al rescate de los heridos y supervivientes. Entre ellos estaba el fotógrafo sirio Abd Alkader Habak, que dejó de realizar fotos con su cámara e intentó salvar a algunos niños. Sus compañeros tomaron imágenes de su reacción, incluida la que lo muestra postrado de rodillas en el suelo junto al cadáver de un niño al que no pudo salvar vivo. Se había derrumbado y lloraba desconsolado. Se reabría así el eterno debate sobre la intervención o no del periodista en el acontecimiento que registra.
Poco tiempo después del brutal atentado, el intercambio y las caravanas prosiguieron su trayecto, sin mirar atrás, pero muchos se habían quedado en el camino, familias enteras no pudieron, después de años de sufrimiento y asedio, encontrar al fin la tranquilidad y el bienestar que ansiaban. Nadie reconoció la autoría del hecho, aunque parece obvio que detrás estuvieron los grupos rebeldes islamistas más radicalizados, para los que los chiíes no son solo enemigos, sino también herejes.

Momentos después de estallar la carga explosiva, el convoy de autobuses se convierte en un amasijo de hierro y decenas de cadáveres quedan esparcidos por el suelo. Fuente: sn4hr.org

Estos autobuses, ahora carbonizados, estaban poco antes repletos de evacuados chiíes de las ciudades sitiadas de al-Fua y Kefraya. Fuente: www.publico.es

Abd Alkader Habak (en primer término con camiseta negra) corre para ayudar a los heridos en el atentado de al-Rashidin. En ese momento, como se puede ver, ya había otros fotógrafos ayudando. Fuernte:www.diarioregistrado.com 

Abd Alkader Habak, aún con la cámara en la mano, rescata a un niño de la zona del atentado. Fuente:www.elmundo.es

El fotógrafo corre para sacar al niño de la zona de peligro. Fuente: www.ecuavisa.com

Otra perspectiva de Abd Alkader Habak llevando al niño en brazos entre varios cadáveres. Fuente:www.aldia.co

El fotógrafo sirio con otro niño en brazos, su rostro descompuesto muestra la tensión acumulada.
Fuente: lamonomagazine.com
Abd Alkader Habak llora desconsolado tras haber intentado salvar a varios niños. Aunque en la imagen no aparece, muy cerca está el cadáver de un niño que había sacado de las llamas pero no había sobrevivido. Fuente: www.lavozdegalicia.es


La batalla de Kobane y la muerte de Aylan Kurdi

El Estado islámico o DAESH aprovechó el vacío de poder en Siria durante la guerra civil para conquistar inmensos territorios en el centro y este del país. Al norte solo fue frenado gracias al sacrificio inmenso de los kurdos sirios. Un símbolo de esa resistencia fue la ciudad kurda de kobane, en la frontera con Turquía, que se convirtió en el "Stalingrado kurdo". En octubre de 2014 el DAESH estaba en su cénit, había capturado unas 350 localidades de la zona, desplazando a 300.000 kurdos que cruzaron la frontera turca huyendo del exterminio. Solo resistía la ciudad de Kobane, en cuyas calles se libró una terrible batalla casa por casa. Casi toda la localidad cayó en manos de los yihadistas, pero los kurdos demostraron una enorme capacidad de lucha y de supervivencia. Los guerrilleros de las Unidades de Protección Popular kurda (YPG) frenaron el avance imparable de DAESH. Ante la indiferencia turca, pero con el apoyo final de la aviación norteamericana y los pesmergas irakíes (guerrilleros kurdos de Irak), los kurdos sirios resistieron y se negaron a dar por perdida la ciudad, jamás se rindieron. El DAESH desplegó su mayor brutalidad, multiplicó las ejecuciones y torturas, tanto a milicianos como a civiles, mostró en toda su dimensión su profundo desprecio por el pueblo kurdo, por sus tradiciones, por su cultura y sus formas de vida, por la ideología progresistas y laica que impregna la vida de la mayoría de los kurdos y que se haya reflejada en la nueva entidad política que éstos han creado al norte de Siria: ROJAVA. En medio de la barbarie, adquirieron un enorme protagonismo de las milicianas kurdas, que se exponían a las torturas más bestiales, pues los soldados del Estado Islámico se ensañaban con ellas, a la vez que las temían, porque en su enfermiza mentalidad, si morían a manos de una mujer se les negaba la entrada en el paraíso. A principios de febrero de 2015, los kurdos habían expulsado a los islamistas de la ciudad y en abril habían recuperado toda su área de influencia. Era la primera gran derrota del DAESH y marcó un punto de inflexión en la guerra. Sin embargo, todavía quedaba un episodio sangriento, en junio se produjo la llamada masacre de Kobane, cuando un asalto por sorpresa de los milicianos del DAESH provocó una matanza de más de 200 civiles, en lo que era una ciudad en ruinas.

En la imagen satélite se muestra Kobane, junto a la frontera de Turquía. Las fuerzas kurdas llegaron a perder buena parte del control de la ciudad frente al DAESH, pero nunca claudicaron. Fuente: www.infobae.com


La ciudad de Kobane recibió un duro castigo durante los meses que duró la batalla, quedando prácticamente destruida. Fuente: newrozeuskalkurduelkartea.wordpress.com

En medio de la destrrucción de Kobane una anciana kurda muestra su amargura. Fuente: awww.leonoticias.com

Un pueblo en lucha por la supervivencia, en el que la mujer ha cobrado un especial protagonismo. El signo de la victoria en las manos, los colores nacionales kurdos en la bandera que recubre el ataúd. Fuente: www.leonoticias.com

Colinas cercanas a Kobane. Donde antes hondeaba la bandera del Estado Islámico, se alzan ahora las banderas kurdas. Fuente: www.batallasdeguerra

Milicianas kurdas montando una ametralladora. Uno de los hechos más llamativos de la resistencia kurda en el norte de Siria es el marcado papel alcanzado por la mujer. Fuente: litci.org
Precisamente en Kobane, en aquella ciudad marcada por la tragedia, pero convertida en símbolo, había nacido años atrás un niño cuya vida estaría también deteminada por la tragedia y que sin quererlo se convertiría también en un icono: Aylan kurdi. Al iniciarse la guerra huyó con su familia a la vecina Turquía, allí vivieron como refugiados durante algunos años. Tras la batalla de kobane la familia regresó a principios de 2015, pero volvió a Turquía en junio, tras la masacre de kobane.  El padre de Aylan, Abdulá Kurdi anhelaba ir a Canadá, donde vivía una de sus hermanas, Teema Kurdi, pero la solicitud de asilo ante las autoridades canadienses fue rechazada. La situación de los refugiados sirios en los campos de Turquía era terrible, pero quedaba una posibilidad: pagar a las mafias y cruzar por la ruta abierta en el mar Egeo, de manera ilegal. En algún lugar de la costa, junto a la ciudad turca de Bodrum, la familia entera se dispuso a subir a un bote inflable camino de la cercana isla griega de Kos: allí estaba Aylan, que tenía tres años, su hermano Galip, de cinco años, su madre Rehan y su padre Abdullah. Ninguno tenía chaleco salvavidas. Cuando en el bote empezó a entrar agua, sus tripulantes perdieron la calma y la embarcación volcó. Abdullah no pudo salvar a su familia. Aylan Kurdi vestía pantalones cortos azules y una camiseta roja, yacía solo en la playa cuando los policías turcos recogieron su cadáver mecido por las olas en la arena de la playa. Una imagen desoladora que conmovió el mundo y se convirtió en un símbolo del drama de los refugiados.
Poco después de la muerte de Aylan, un acuerdo de la Unión Europea y Turquía puso fin al flujo masivo de refugiados a través del Mar Egeo y los Balcanes. Sin embargo, y paradójicamente, tras la muerte de su hijo, Abdullah Kurdi consiguió asilo en Canadá junto a otros familiares cercanos. Consciente del símbolo en que se había convertido su hijo, volvió posteriormente al kurdistán en repetidas ocasiones para ayudar a niños como sus hijos.

La guardia costera de Turquía toma fotografías del cadáver de Aylan Kurdi. Foto de Nilufer Demir. Reuters.

Las olas del Mar Egeo mecen el cadáver desangelado del niño sirio Aylan Kurdi. Foto de Nilufer Demir. Reuters.

El niño sirio Aylan Kurdi yace ahogado en la arena de una playa de la costa turca de Bodrum. Foto de N. Demir. Reuters.

Un guardia costero turco recoge el cadáver del niño sirio Aylan Kurdi. Foto de Nilufer Demir. Reuters.



Abdullah Kurdi, padre de Aylan, llora desconsolado en la morgue de la ciudad turca de Mugla, donde estaban depositados los cadáveres de su familia. Fuente: Reuters. www.elconfidencial.com

El padre de Aylan con su hijo en brazos durante su entierro en Kobane. Fuente: Reuters. www.elconfidencial.com


 

El asesinato de Jaled al-Asaad y la destrucción de Palmira

En el corazón de Siria, a 3 kilómetros de la actual ciudad de Tudmur y en pleno desierto, se haya una de las joyas de la antigüedad, la antigua ciudad de Palmira. Fue una de las grandes ciudades de la zona oriental del Imperio romano y llegó a formar su propio imperio independiente, segregado de Roma y bajo el gobierno de la reina Zenobia (268-272), que extendió su autoridad desde Egipto hasta Asia Menor. Los restos de Palmira fueron incluidos en el Patrimonio de la Humanidad en 1980 y, antes de la guerra, recibían cientos de miles de turistas anuales. Junto a la ciudad vieja de Alepo (hoy también semidestruida) y la Gran Mezquita de Damasco, Palmira era una de las grandes referencias turísticas de la antaño atrayente Siria, los turistas occidentales se quedaban boquiabiertos ante la joya del desierto, ante sus templos, su magnífico arco del triunfo y su impresionante teatro.

Arco del triunfo de Palmira. Fuente: www.telemundo.com

Si Palmira debía algo a alguien era a Jaled al-Assad, un antropólogo y arqueólogo sirio que había nacido en la nueva Palmira, Tudmur, en 1933 y que desde 1963 hasta 2003 dirigió el sitio arqueológico y el Museo de Palmira. Conocedor de lenguas, incluida el arameo, trabajó incansablemente por sacar a la luz el patrimonio arqueológico de la ciudad y hacerlo llegar al resto del mundo.

Jaled al-Asaad ante algunos relieves de la ciudad de Palmira. Fuente: www.infobae.com


La guerra apenas había afectado al sitio arqueológico hasta 2015. Sus restos se estaban salvando de la destrucción hasta entonces, como si una cúpula imaginaria los protegiera desde hacia miles de años, como si el estar en el último confín del desierto hubiera amparado a la ciudad y la hubiera mantenido alejada de los miles de guerras y ejércitos que han pisado Siria desde la época clásica. Pero la suerte duró poco, el autodenominado Estado Islámico o DAESH, que estaba en plena expansión y desde Irak había penetrado en Siria, convirtió pronto Palmira en un objetivo destacado: sabía de la trascendencia que en Occidente tendría la toma de las ruinas, conocía el carácter simbólico de la ciudad y despreciaba todo el legado cultural preislámico, con el que quería ajustar cuentas. En mayo de 2015 el DAESH tomaba la ciudad de Tudmur y las ruinas de la antigua Palmira, convirtiendo su magnífico teatro en un terrible escenario para sus ejecuciones filmadas, que después eran colgadas en internet. En aquellos aciagos días, cientos de personas fueron ejecutadas, entre ellas Jaled al-Asaad, decapitado el 18 de agosto de 2015, cuando tenía 82 años. Se había negado ha abandonar a su suerte la ciudad a la que había dedicado toda su vida de trabajo y su valerosa decisión le costó muy caro. Detenido un mes antes, sufrió desde entonces terribles torturas: los yihadistas estaban obsesionados con la posible existencia de un tesoro enterrado entre las ruinas y querían obtener información al respecto. Tras la ejecución, su cuerpo fue expuesto en público atado a una farola y con la cabeza en el suelo, entre las piernas que colgaban. Los asesinos no olvidaron sus inseparables gafas, y la cabeza las llevaba puestas, mientras, un cartel colgaba de su malogrado cuerpo:  "Ejecutado por apoyar al régimen y representar a Siria en las conferencias de los infieles; dirigir el sitio de los ídolos de Tadmur; visitar Irán y celebrar el triunfo de la revolución de Jomeini..." (un vecino hizo una foto de tal aberración y la imagen se ha convertido hoy en un fiel testimonio de la locura de los yihadistas, pero por su extrema dureza, hemos preferido no mostrarla en este blog). El arqueólogo no pudo salvar su vida ni la de su ciudad, aunque sus colaboradores, entre los que se encontraban algunos de sus hijos, pudieron sacar de Palmira más de 900 piezas arqueológicas antes de la llegada del DAESH, evitando así que fueran destruidas por el fanatismo.
Pocos días después de la muerte de Jaled al-Asaad, y ante el asombro del mundo entero, el DAESH hizo volar con explosivos los templos de Bel y Baalshamin, más tarde fueron destruidas tumbas-torre de gran valor histórico, y en octubre de 2015, se dinamitó el célebre Arco del Triunfo de Palmira, momento en el que el autor de estas palabras sintió una especial y profunda amargura.
En marzo de 2016 las tropas leales a Bashar al-Asad recuperaban la ciudad, mientras los soldados rusos desactivaban las miles de minas antipersonas con las que los yihadistas habían sembrado la zona. Se encontraron entonces varias fosas comunes llenas de cadáveres.
Sin embargo, en diciembre de 2016, cuando Palmira se relamía sus heridas y los técnicos del gobierno ruso y sirio evaluaban el desastre cultural, el DAESH reconquistaba la ciudad en un ataque relámpago. El ejército sirio había dejado desguarnecida la urbe, ocupado como estaba en la batalla por la conquista de Alepo. Hasta 3 meses después, el ejército sirio no podría reconquistarla. Antes de retirarse, el autodenominado Estado Islámico provocó importantes destrozos en el teatro romano, verdadero emblema de la ciudad.
La barbarie había arrasado la ciudad milenaria de Palmira, aunque desde entonces algunos soñamos con que, cuando todo acabe, pueda ser reconstruida.

Soldados del Estado Islámico ante las ruinas de Palmira (parte de un vídeo propagandístico). Fuente: es.blastingnews
El teatro romano de Palmira fue utilizado por el DAESH para realizar ejecuciones propagandísticas. F.: news-old-origin.vice

Ejecución de soldados sirios por el DAESH en el teatro de Palmira. Fuente: www.larepublica.ec
Destrucción por el DAESH del templo de Baal Shamin en Palmira. Fuente: templowww.hispantv.com

Tanque del ejército sirio entre las ruinas de Palmira, tras su liberación. Fuente: AFP photos. www.ultimasnoticias.com.ve

Soldados rusos en el área arqueológica de Palmira, tras la expulsión del DAESH de la zona. Fuente: www.abc.es

Zapadores rusos proceden a eliminar las minas antipersonas dejadas en Palmira por el DAESH. Fuente: www.almasdarnews

Soldados del ejército sirio ante el teatro de Palmira tras la liberación de la ciudad. Son perceptibles los importantes destrozos ocasionados por los yihadistas en la zona central de la escena. Fuente: www.ultimasnoticias.com.ve

El antes y después en el teatro de Palmira. Fuente: www.ultimasnoticias.com.ve
























            

jueves, 4 de enero de 2018

La guerra en Siria y las primaveras árabes

Un francotirador kurdo observa desde su atalaya los restos de la ciudad kurdo-siria de Kobane, tras ser liberada del duro asedio que durante meses ejerció el autodenominado Estado islámico sobre ella. Fuente: www.theguardian.com


Las primaveras árabes y el polvorín de Oriente Medio

La guerra en Siria ha adquirido en los últimos años una dimensión extraordinaria. Es muy difícil encontrar un conflicto armado que haya provocado tanta destrucción en tan poco tiempo, produciendo una elevadísima cantidad de refugiados y desplazados. Más de la mitad de la población ha huido de sus hogares, en un país que contaba antes del conflicto con una cifra cercana a los 22 millones de personas. En 2015 existían un total de 7.600.000 desplazados internos repartidos por todo el país, y más de 4 millones de refugiados habían huido al extranjero, una cifra en claro crecimiento y expansión, porque la guerra, lejos de suavizarse se ha recrudecido. El equilibrio entre los contendientes ha prolongado el conflicto en el tiempo, lo que ha resultado fatal para la población civil. La mayor presión migratoria de refugiados la sufren los países limítrofres como Turquía o Jordania, pero sobre todo el Líbano, un pequeño estado de tan solo cinco millones de habitantes, que ha recibido más de 1 millón de refugiados sirios en los últimos años. La existencia de un elevado volumen de refugiados y desplazados se explica por la brutal acción de los contendientes sobre la población civil, con frecuencia emparedada en medio de los bombardeos, atentados terroristas o asedios infernales de ciudades sitiadas. Esta situación se ha visto especialmente agravada a raíz de la irrupción en el conflicto de un actor "inesperado", el llamado Estado Islámico de Irak y el Levante (también conocido por sus iniciales en inglés, ISIS, o en árabe, DAESH), su brutalidad ha superado todo lo conocido hasta el momento, ensañándose en los territorios bajo su ocupación con las minorías religiosas (cristianos, chiíes, yazidíes, etc.), con la población kurda o con los colaboradores del gobierno sirio y sus familias. Su implantación en el este de Siria y el norte de Irak ha provocado la diáspora de cientos de miles de personas, que han huido de las matanzas y a las que solo les quedaba la esclavitud o el exterminio.

Vista aérea del campo de refugiados de Zaatari, en Jordania. Fuente: www.abc.es

Zaatari es el mayor campo de refugiados sirios, en él sobreviven más de 80.000 personas. Fuente: alejandromartí.es

Oriente Medio es una realidad compleja desde hace mucho tiempo, un lugar de contacto entre civilizaciones y religiones desde épocas remotas, en el que todavía hoy confluyen los intereses de las tres grandes religiones monoteísta, judíos, cristianos y musulmanes. La expansión del Islam a partir del siglo VII lo convirtió en el eje vertebrador del territorio islámico, ocupado por la comunidad de fieles o umma. Más tarde, durante la Edad Media, la lucha de los cruzados por los santos lugares se convertiría en la máxima expresión de la expansión de unas sociedades cristianas medievales cada vez más dinámicas y pujantes. Recuperadas por el Islam, las tierras de Oriente Medio quedarían durante mucho tiempo bajo el control de una nueva potencia islámica, el Imperio turco. Durante todos esos siglos, a las conocidas tensiones entre las distintas civilizaciones y religiones, se uniría el conflicto interno en el seno del Islam entre el sunnismo, defensor de la tradición o sunna, y el chiísmo, seguidores del Alí, primo y yerno del profeta, al que consideraban su sucesor legítimo. Perseguidos y discriminados, los chiíes son hoy el 15% de los musulmanes, pero son mayoría en las cercanías del Golfo Pérsico, en Irán, el sur de Irak, Bahrein y la costa saudí del Golfo Pérsico. Minorías chiíes importantes existen también en Turquía, Afganistán, Pakistán, Yemen, Líbano y Siria. Con el tiempo, los chiíes han desarrollado algunas diferencias importantes dentro del Islam, siendo considerados por los fundamentalistas islámicos más radicales como simples herejes, de ahí la forma en que los yihadistas los persiguen y asesinan.

Fuente: elaboración propia.

Con la caída del Imperio turco otomano, tras la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales entrarán de lleno en el reparto de Oriente Medio, Reino Unido y Francia marcaran entonces sus zonas de influencia de manera artificial, sin tener en cuenta las diferencias étnicas, religiosas o tribales. Más tarde, cuando surjan los nuevos estados independientes, se crearán estados artificiales como Kuwait o Jordania, se segregarán estados con escaso criterio, como el caso del Líbano respecto a Siria, se fusionarán comunidades históricamente enfrentadas (árabes sunníes, chiíes y kurdos) como en el caso de Irak, y se evitará la creación de estados nacionales coherentes como en el caso del Kurdistán. Y todo ello buscando la defensa de los intereses propios de las potencias europeas, sin tener en cuenta los equilibrios de la zona y las necesidades de la población. En los nuevos países independientes, reyes y dictadores corruptos, pero leales, serán impuestos y sostenidos en el poder, apoyados en élites sociales cercanas a Occidente (un ejemplo paradigmático son las monarquías del Golfo Pérsico como Arabia Saudí).
Las revoluciones panarabistas y progresistas de las décadas de 1960 y 1970 (Nasser en Egipto, Gadafi en Libia, el partido Baas en Irak y Siria) no supusieron cambios importantes. Otras dictaduras y otras oligarquías. En la medida de lo posible, Occidente intentaría controlar dichas revoluciones o al menos ponerlas bajo su control, así lo hizo en Egipto tras la muerte de Nasser o en Irak con Saddam Husseim. Tras el fin de la Guerra Fría, incluso algunos viejos enemigos como Gadafi son aceptados temporalmente como amigos incómodos, en aras de la estabilidad de la zona.
Sin embargo, todo cambia en 2010, estallan entonces las llamadas "primaveras árabes", movimientos de insurrección contra los regímenes autoritarios imperantes, que se alzaban en demanda de libertad y justicia social, que denunciaban la corrupción reinante y el control ejercido por las élites sobre el estado. Y Europa se une al carro con desparpajo, tratando de controlar la nueva situación que resultaba difícil de frenar. Cae Ben Alí en Túnez, después Mubarak en Egipto y Gadafi en Libia. Estalla la revuelta popular en Yemen y en el confín sur de Siria, en la ciudad de Daraa, se inician las protestas populares que conducirían más tarde al estallido de la guerra civil. Sin embargo, el aplauso general de Occidente a los nuevos vientos de cambio no supuso más que una muestra más del cinismo e hipocresía con el que éste actuó siempre en la zona en defensa de sus propios intereses. Que Estados Unidos, Francia o Gran Bretaña se hayan convertido en paladines de la democracia en Oriente Medio y el norte de África, resulta cuando menos chocante, no solo por su pasado más próximo, que les llevó a apoyar durante décadas a los dictadores ahora derrocados, sino porque todavía hoy todos sus intereses estratégicos en el Oriente Medio se cimentan, al margen de sus estrechos lazos con Israel, en su alianza con las monarquías corruptas y despóticas del Golfo Pérsico, especialmente con Arabia Saudí y la familia de los Saud: un ejemplo mundial de autoritarismo, de negación del principio de ciudadanía, de discriminación de la mujer en el plano de lo público, de racismo hacia el inmigrante, de rechazo a minorías como la de los chiíes, de integrismo religioso e imposición de la ley islámica o Sharia.
La lectura del apoyo occidental a las primaveras árabes es bien claro: cuando los cambios llegan y resultan imparables, hay que tratar de encabezarlos para así ponerlos bajo control. Así ocurrió en Túnez, cuando el pueblo trató de derribar al tirano Ben Alí, fiel esbirro de Occidente y especialmente de Francia, sin cuyo apoyo jamás hubiera durado mucho tiempo; así ocurrió también con Hosni Mubarak, justo representante de la sumisión de las élites árabes a los intereses estratégicos norteamericanos y sobre todo de Israel. Como prueba de ello, el abandono y aislamiento por su gobierno de los palestinos de Gaza y el cumplimiento fiel de los tratados de paz con el estado judío. Los mismos que no hace mucho tiempo tildaban al Egipto de Hosni Mubarak como un "régimen moderado árabe", llegado el momento lo han denigrado como un brutal dictador. Y así ocurrió también con el otro perdedor de la primaveras árabes, el régimen de Muammar el Gadafi, antaño enemigo visceral de Occidente y que en los últimos años se había convertido en un buen aliado en la zona frente a la expansión creciente del islamismo político.

Ben Alí (Túnez), Abdullah Saleh (Yemen), M. el Gadafi (Libia) y Hosni Mubarak (Egipto) en octubre de 2010. Los cuatro dictadores árabes perdieron su poder poco después, con el estallido de las primaveras árabes. Fuente: www.ideal.es

Occidente conocía los riesgos asociados a las recientes revoluciones árabes, si las apoyó, es porque no le quedaba otro remedio. Era evidente el riesgo de que el vacío político generado lo ocupara el islamismo político. Durante décadas se favoreció la desarticulación política de la sociedad, no existía una sociedad civil más allá de las instituciones controladas por la élite y los estados dictatoriales. Tan solo el Islam político podía articular una alternativa. Más allá de grupúsculos liberales sin base social alguna, tan solo los grupos islamistas eran capaces de ofrecer una alternativa viable, porque únicamente ellos poseían unas organizaciones suficientemente enraizadas en la sociedad. Esto ya se evidenció en Argelia, cuando en los años 90 el proceso de democratización derivó en la victoria del Frente Islámico de Salvación, con el consiguiente golpe de estado posterior y la guerra civil que asoló el país durante años.
Y los temores de muchos se han cumplido en buena parte. El islamismo moderado llegó al poder en Túnez con En Nahda (aunque después perdió las elecciones del 2014 frente a los partidos laicos) y los Hermanos Musulmanes ganaron las primeras elecciones democráticas en Egipto en medio del caos y la polarización política. Finalmente, el ejército egipcio acabó con la naciente democracia, depuso al gobierno islamista y restituyó el autoritarismo elitista de toda la vida, reencarnado en la figura del general al-Sisi. Mientras, en Libia y en Yemen el vacío político desembocó en la guerra civil y la irrupción de los grupos islamistas más radicales. Todavía hoy los dos países viven una situación de caos y violencia, especialmente cruenta en el caso de Yemen. Allí se desarrolla una cruel guerra civil en el más profundo de los olvidos, un conflicto entre los rebeldes hutíes, de confesión chií, apoyados por Irán, y los grupos armados apoyados por las monarquías del Golfo, desembocando en el mayor drama humanitario del mundo actual. En el caso de Libia, el país se desangra todavía en una guerra de corte tribal en la que irrumpió con fuerza el DAESH, que todavía ejerce el control de algunas zonas al este del país. El caos de Libia ha propiciado un descontrol de las rutas migratorias del sur del Mediterráneo y un aumento de los flujos desde esa zona hasta Italia. Tan solo Túnez, y con dificultades debido a los continuos atentados terroristas, ha conseguido consolidar una democracia liberal.

El general al-Sisi dio un golpe de estado en 2013 para acabar con el gobierno islamista de Mohamed Mursi, líder de los Hermanos Musulmanes egipcios, vencedor en las elecciones generales surgidas tras el derrocamiento de H. Mubarak.










La guerra civil en Siria

En Siria,  la realidad se vuelve aún más compleja que en otros países de su entorno, y como es lógico, la solución al problema generado también. Existe una supuesta batalla entre la dictadura y la democracia, suponiendo que ésta sea el objetivo de la oposición, como tratan de airear los medios de comunicación europeos. Se nos explica demasiadas veces el conflicto sirio de forma simplista, como la lucha de un pueblo contra el tirano que lo somete. Sin embargo, el problema sirio es mucho más complejo que tal dicotomía. Por de pronto, sería mucho más exacto referirnos a la lucha de parte de un pueblo, no de todo un pueblo, porque es indudable el respaldo social con que cuenta el régimen entre los chiíes, los drusos, los cristianos y algunos sectores de la comunidad sunní.  Por otro lado, debemos tener en cuenta la lucha que acontece entre la concepción claramente laica del poder del partido nacionalista Baas, actualmente en el poder en Siria, y la ideología islamista de buena parte de los rebeldes, ya que como en la actualidad se ha hecho visible, el peso social de los islamistas radicales sirios es mucho mayor que el de las organizaciones políticas supuestamente moderadas que iniciaron en su momento el proceso revolucionario, y cuya importancia es casi residual en la actualidad. La evolución de la guerra y la creciente dependencia de los rebeldes de las ayudas militares procedentes de las monarquías del Golfo, ha ido dando un mayor peso a las opciones salafistas y yihadistas dentro de la oposición al régimen sirio. Las estrías del problema van aún más allá e introducen una nueva variable de disputa religiosa; el partido Baas y su gobierno se han sostenido históricamente, y aún hoy se sostienen, sobre la minoría chií (especialmente alawí) y el beneplácito de las minorías drusas y cristiana, así como el apoyo de la mayoría de las facciones armadas de los refugiados palestinos que viven en el país; por el contrario, la mayoría sunní ha permanecido al margen del poder y se ha sentido discriminada por el régimen. Importantes sectores sunníes han abrazado el islamismo más radical con la pretensión de acabar con el predominio político, militar y económico de los alawíes. Los chiíes alawíes y los drusos son herejes para los sunníes más radicales y religiosos, los cristianos son sencillamente infieles. En total, estas comunidades suponen en torno al 25% de la población (12% de chiíes, la mayoría alawíes, aunque también los hay ismailíes e imamíes; 10% de cristianos, que incluye ortodoxos de varias ramas, armenios, católicos, maronitas, caldeos y asirios; y 3% de drusos).

Fuente: elaboración propia.


A este contexto interno de enfrentamientos políticos y religiosos habría que añadir los problemas derivados del papel estratégico de Siria en el contexto internacional. En el tablero de la geopolítica mundial, Oriente Medio resulta una región clave, y en éste, Siria también lo es. Al respecto, Siria sería el escenario en el que las grandes potencias mundiales han tratado de reafirmar su poder en la zona: por un lado, Estados Unidos y las potencias europeas han apoyado a la oposición y a las fuerzas kurdas, aunque sin entrar de lleno en el conflicto; por el contrario, Rusia ha convertido la guerra en Siria en su plataforma de reafirmación como gran potencia mundial, intentando ganar peso político y militar en una zona en la que históricamente la Unión Soviética tuvo un papel destacado. Durante las  últimas décadas de la Guerra Fría, el régimen de Hafez al-Asad, padre del actual dirigente sirio, fue el gran aliado de la Unión Soviética en el Oriente Medio, y aún hoy, Rusia conserva una base naval en la ciudad portuaria siria de Tartus y otra base aérea en la de Latakia. Desde ambas bases el ejército ruso ha intervenido activamente en el conflicto sirio, particularmente a través de su aviación, acudiendo en auxilio del régimen de Bashar al-Asad en 2015, cuando éste se encontraba en sus horas más bajas y estaba a punto de desmoronarse. Por el contrario, para Occidente e Israel, Siria siempre ha sido un régimen hostil, que nunca ha reconocido los supuestos derechos judíos sobre las tierras de Palestina. Enfrentado a Israel por los Altos del Golán (territorio al suroeste de Siria ocupado ilegalmente por Israel desde la guerra de los Seis días y desde el que se controla todo el norte de Israel), el gobierno sirio ha sido el gran sostén de la milicia chií de Hezbollah en el Líbano, auténtico "demonio" para Israel, con la que ha protagonizado varias guerras, y es además aliado incondicional de Irán, el gran enemigo actualmente de los intereses sionistas en la zona, gracias a su cuestionado programa nuclear.

Dos cazas rusos Sujoi Su-24M despegan de la base de Hmeymim, en la ciudad siria de Latakia. Fuente: www.hipantv

Sin embargo, por debajo de esta tensión global, existen otras "batallas" geoestratégicas de carácter más local: por un lado, la irrupción de Turquía como potencia en la zona, apoyando a los rebeldes sunníes del norte, mientras se enfrenta a los kurdos de Siria, de los que desconfía profundamente por sus tendencias separatistas (Turquía posee la mayor comunidad kurda, en cuyo seno existe un fuerte movimiento nacionalista, liderado por los guerrilleros del PKK); por otro lado, la lucha sin cuartel por el control regional del Oriente Medio y la zona del Golfo Pérsico entre chiíes y sunníes, en otras palabras, entre las dos potencias regionales principales, Irán frente a Arabia Saudí. El enfrentamiento entre las dos potencias y las dos versiones del islam se desarrolla en dos escenarios, en dos guerras crueles y largas, por un lado, Yemen, donde Irán sustenta a los rebeldes hutíes (chiíes), dominantes en el norte del país, y Arabia Saudí al gobierno de al-Hadi, asentado en el sur; por otro lado, Siria, donde Irán apuesta por la defensa del régimen sirio, mientras Arabia Saudí apoya de forma decidida a las fuerzas opositoras, cada vez más dependientes de su ayuda económica y militar.
Y es que en los últimos años la intervención decidida de las monarquías del Golfo Pérsico (sobre todo Arabia Saudí y Qatar) en apoyo de los rebeldes ha supuesto la radicalización e islamización de éstos. El Ejército de Liberación de Siria, formado por antiguos oficiales desertores del ejército sirio y que en un principio articuló la rebelión frente al régimen, hoy es una fuerza muy minoritaria. Muchos de sus combatientes se han pasado a las filas de los grupos islamistas radicales que operan en las distintas zonas. Nos referimos  a grupos yihadistas o salafistas como Ahrar al-Sham o Yeish al-Islam (ambos forman parte del llamado Frente Islámico o Yabhat al-islamiyyah), y por supuesto el Frente al-Nusra, la antigua sucursal de al -Qaeda en Siria, que en la actualidad ha cambiado su nombre por el de Jabhat Fateh al-Sham.

Combatientes del antiguo Frente al-Nusra. Fuente:www.infobae.com

En este contexto de creciente radicalización es donde debemos situar la irrupción del autodenominado Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS o DAESH), que a partir de 2013 se hizo con el control de amplios territorios del este Siria. Favorecido por el vacío de poder existente, se extendió desde Irak, en cuya zona norte se había hecho fuerte con anterioridad, lo que le había permitido controlar la segunda ciudad del país, Mosul, y proclamar el "Califato". Durante algún tiempo el DAESH controló el este y el centro de Siria, zonas especialmente desérticas, en las que se incluían núcleos urbanos como Deir er Zor o al-Raqqa. Especialmente dolorosa fue la destrucción de una de las joyas de la arquitectura urbana romana, la antigua Palmira, cercana a la actual Tudmur, cuyas ruinas fueron demolidas parcialmente. El poder del DAESH creció paralelamente al desmoronamiento del estado sirio, aproximándose peligrosamente a la capital del país, Damasco. Solo la intervención final del ejército ruso evitó la caída del régimen, lo que hubiera supuesto, casi con toda seguridad, la toma por parte del DAESH de la ciudad de Damasco: un auténtico terremoto que hubiera permitido su consolidación territorial definitiva.

Ejecución de soldados sirios por el DAESH en las ruinas de la ciudad romana de Palmira. Fuente:www.vice.com

En los últimos dos años, la presión y acción decidida del ejército ruso en favor de Baschar al-Assad,  junto el decidido apoyo por tierra de las milicias chiíes libanesas de Hezbollah, han permitido al régimen sirio reconquistar amplios territorios, incluida la ciudad de Alepo, la primera ciudad del país por número de habitantes, una parte de la cual había permanecido durante años en manos rebeldes. La batalla por Alepo terminó después de años de combate en diciembre de 2016, con la conquista por el régimen de Damasco de la parte oriental de la ciudad. Por otro lado, el DAESH se ha visto acosado a lo largo de 2017 desde todos los frentes, lo que le ha obligado a ir retrocediendo territorialmente, hasta la casi desaparición del autodenominado "Califato islámico". Por el este, la acción combinada de la aviación estadounidense y las fuerzas armadas irakíes, con el apoyo de los pesmergas de la región autónoma del kurdistán irakí, permitió en el verano de 2017 culminar la reconquista de Mosul, la gran ciudad del norte de Irak, en manos del DAESH desde hacía años. Tres meses después, las Fuerzas de Siria Democrática, armadas por Estados Unidos para combatir al DAESH, y conformadas básicamente por los kurdos sirios y y algunos grupos de árabes sunníes y cristianos, avanzaban desde el norte y tomaban la capital del llamado Califato islámico, la ciudad siria de al-Raqqa. Poco después, en noviembre de 2017, desde el oeste y el sur se iniciaba una ofensiva de las fuerzas gubernamentales y la aviación rusa que permitió la conquista de la última gran ciudad en manos del DAESH, Deir ez Zor. El autodenominado Estado Islámico o DAESH quedaba así reducido a algunas zonas desérticas en la frontera de Irak y Siria, ya sin capacidad militar ofensiva.

La guerra ha hecho estragos en los barrios orientales de la ciudad de Alepo, en manos rebeldes hasta diciembre de 2016.  Los duros combates y los bombardeos de la aviación rusa dejaron un panorama desolador. Fuente: www.revista5w.com















La mezquita omeya de Alepo antes y después de la guerra. Fuente: www.huffingtonpost.es




Sin embargo, la guerra está aún lejos de su final. Fuera del control del gobierno sirio quedan aún algunas zonas, cada vez más reducidas y aisladas (especialmente la provincia norteña de Idlib, protegida por Turquía, las provincias sureñas de Daara y Quneitra, donde Israel apoya a los rebeldes, y zonas urbanas próximas a Damasco). En todas ellas, el peso de las fuerzas yihadistas y salafistas es abrumadoramente mayoritario. A estas zonas habría que añadir importantes áreas del norte del país, donde se ha constituido una especie de región autónoma, la llamada Federación Democrática del Norte de Siria o ROJAVA, controlada por los kurdos sirios. Creada al margen del poder central de Damasco, cuenta con el apoyo de Estados Unidos y la hostilidad de la vecina Turquía. Está por ver cual será su relación futura con el gobierno sirio, con el que a veces ha colaborado, al tener enemigos comunes como el DAESH.

Fuente: elaboración propia.
A Occidente le ha faltado coherencia en su intervención en la guerra de Siria. Las consecuencias desastrosas de su intervención en Irak y Afganistán, le han hecho titubear, interviniendo a destiempo la mayoría de las veces y careciendo en todo momento de un objetivo claro y una política definida en la zona. Todo lo contrario a Rusia, con una política clara y coherente, que ha guiado una intervención decidida y contundente. Occidente ha apostado desde el principio por la caída de la dictadura de Baschar al-Asad, preso como estaba de los intereses de sus aliados en la zona, Israel y las corruptas monarquías del Golfo. La caída de al-Asad podría aislar a Hezbollah y debilitar la influencia de Irán en la zona, favoreciendo la "sacrosanta" seguridad de Israel, y por supuesto el predominio saudí en Oriente Medio, pero es casi seguro que terminaría llevando a los grupos islamistas radicales al poder en Siria, los cuales cubrirían con rapidez el vacío de poder que se generaría en el país. En este sentido, a medio y largo plazo, los intereses occidentales en la zona sufrirían un fuerte revés.
Europa y Estados Unidos están jugando con fuego cuando apoyan a los rebeldes sirios, cuyo compromiso con la democracia liberal, como hemos visto, es casi inexistente. Y el que juega con fuego termina por quemarse. Alguien debería recordar que fue el estado israelí el que apoyó en sus inicios a los islamistas palestinos de Hamas -hoy sus grandes enemigos- para mermar la influencia de al-Fatah y su líder Arafat entre los palestinos que luchaban contra la ocupación israelí de la tierra de Palestina. No olvidemos tampoco que en la década de 1980, Estados Unidos armó a Ben Laden para luchar contra los soviéticos en Afganístán y que más tarde apoyó a los talibanes afganos para contrarrestar la influencia de los señores de la guerra en el país asiático. Posteriormente, ambos se convirtieron en sus máximos enemigos. "Cría cuervos y te sacarán los ojos", dice el refrán.
Occidente debe ser consciente de los riesgos que conllevan determinadas decisiones, debe también calibrar la conveniencia de determinadas alianzas, y comprender que puede ser mucho peor el remedio que la enfermedad. Es indudable el brutal proceder del régimen sirio durante la guerra civil, pero no debemos olvidar que los crímenes de guerra no son solo patrimonio suyo, sino también de una oposición radicalizada que ha sido implacable, especialmente con las minorías, cristianos y chiíes. Sea como sea, lo que nunca debemos de olvidar es que el estado sirio, aún siendo una dictadura -no lo es más que las corruptas monarquías del Golfo aliadas de Occidente- es un estado con instituciones, con leyes, que valora el patrimonio histórico, un estado secularizado que protege la la diversidad religiosa y cultural del país, que defiende mínimamente los derechos de la mujer. La alternativa, hoy por hoy, a dicho régimen, es el oscurantismo religioso y la violencia más brutal, el odio hacia las minorías y la atomización política extrema, rasgos todos ellos que atesoran unos rebeldes que llenarían con caos, intolerancia y violencia el vacío político generado con la caída del dictador.

Algunos vídeos sobre la guerra en Siria

Este vídeo nos resume la guerra en Siria en poco más de diez minutos y con un tono muy didáctico: antecedentes históricos, inicios del conflicto y evolución posterior de la guerra, principales contendientes.

             

Los dos vídeos que exponemos a continuación nos muestran escenas duras de combates directos, aunque en ningún momento se ve de forma esplícita la muerte de nadie. Por todo ello, los hemos escogido para nuestro blog. En el primer vídeo unos carros de combate del ejército sirio se internan en un barrio urbano para acabar con focos de resistencia, disparando contra ellos.

             

En este segundo vídeo, un grupo de milicianos rebeldes cubren el avance y después retirada de sus compañeros. Milagrosamente no hay víctimas. Sorprende el caos y falta de organización, al menos aparente. No puede uno dejar de pensar "¿qué sería del país en el caso de que ganara esta gente? Si conociéramos sus ideas, aún nos asustaríamos más, en un 90%, estos milicianos rebeldes son en mayor o menor grado profundamente islamistas.

             

La guerra, sin embargo, tiene una cara mucho más dura, con demasiada frecuencia los disparos de la artillería, de los carros de combate o de las armas ligeras dan en el blanco y terminan provocando muchos muertos. En la guerra de Siria han muerto más de 300.000 personas.. Hemos obviado en esta entrada imágenes (fotografías y vídeos) que muestren dicha realidad, aún así, si alguien quiere acceder a ellas recomendamos este enlace, siempre teniendo en cuenta que pueden herir la sensibilidad de algunas personas: https://youtu.be/nQUtIiX7j8c